El Madrid de Capello, no es que viva encima de ese filo, sino que se ha abierto de patas, y ha decidido sentarse encima, con el evidente peligro que eso conlleva: un mal movimiento, y el ojete blanco pasará a contar con dos orificios de salida. O peor, un movimiento más delicado y... ¿os acordáis de Farinelli?
Porque este Madrid, que pudo irse al descanso con el partido sentenciadísimo, lo acabó ganando de pura potra. Como cada partido blanco es un auténtico ejercicio de psicología fina, analizaremos las dos caras de Capello. La primera, la del buen motivador, y mejor preparador, que ha convertido a un insulso triatleta como Robinho, en un jugador decisivo en los metros finales. O a un medio actor de Hollywood en un excelente interior derecho capaz de poner diez balones de gol por partido. Por cierto, y que Dios me perdone, pero cuando ví a Beckham centrar una y otra vez, y a Gago desperdiciar la oportunidad otras tantas veces, no pude menos que echar de menos al Puma Emerson. Lo dicho, que el Dios del fútbol me perdone.
La cara mala de Capello, empieza a ser la habitual de cada semana. ¿A qué espera el italiano para hacer los cambios y matar el partido? No lo entiendo, pero sea como sea, el Madrid debe replantearse esta forma de vida, porque de aquí al final hay que ganarlo todo, y la Diosa fortuna, no puede estar siempre de nuestro lado.
El Madrid tiene dos enemigos temibles en su lucha por el título. ¿El segundo y el tercero?. Pues no, el tres y el cuatro. Que ya sé, que queda feo criticar a R.Carlos después de hacer el gol del triunfo en el descuento; y también sé, que hablar mal de Ramos, es nombrar a la bicha. Que si el nuevo Pirri, el espíritu de Camacho, etc. Pero el supuesto Tarzán de Camas, a veces, demuestra menos luces que la mona Chita. No entiendo como Capello, permite las chilenitas, adornos y tonterías varias que la parejita se marca cada semana, y que pueden acabar costando una Liga.
Una semana menos, y el Madrid, aún líder, de nuevo, gracias al Pipita, que está consiguiendo llenar ese hueco de fantástico jugador número doce que un día dejó otro argentino de nivel, Solari. Por cierto, ¿y Raúl? Bien, gracias.
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